lunes, 7 de octubre de 2013

El poder de las miradas...

El otro día tuve que ir a la ciudad y aproveché para dar un paseo y observar a la gente. Yo vivo en un pueblo más o menos grande pero según pude comprobar no tiene ni punto de comparación con la ciudad.
Me entretuve observando a la gente que pasaba a mi lado y me fijé en varias cosas bastante interesantes.
La primera de ellas fue el aislamiento que vi. Casi todo lo que había esas horas era gente joven, de las cuales la mayoría iban con cascos escuchando música, a su bola, en su mundo, como si fuesen en burbujas. Todos andando rápido. No vi ni a una persona que fuese a paso normal, como yo iba, disfrutando del paseo.
Otra cosa que me llamó muchísimo la atención fue el desinterés que mostraban  unos por los otros. No sé si es que soy yo la rara pero normalmente cuando voy por la calle suelo ir mirando a los ojos a la gente con la que me cruzo. Como dicen los ojos son el espejo del alma, no hay mejor lugar donde descubrir verdaderamente a la persona que se esconde tras ese cuerpo. Mirando a los ojos es como conectamos unos con otros, por lo menos según mi opinión. Pues bien, lo que descubrí fue que la gente allí no lo hace. Van andando por la calle como si los demás fuesen algo borroso. Podría contar con los dedos de la mano las personas que respondieron a mi mirada con otra. Entonces me di cuenta de que es verdad eso de que uno se puede sentir solo estando rodeado de gente. Y me dio bastante pena cuando lo pensé. Todos tenemos algo en común, compartimos este planeta y somos de la misma especie. ¿Qué menos que intentar ser conscientes de quien nos rodea? Cada uno de nosotros es un mundo del cual podemos descubrir parte con solo echar una miradita a los ojos. ¿Qué más da si nunca volvemos a ver a esas personas? ¿Nos cuenta tanto regalar una sonrisa? O quizás ni eso, puede que alguien vea en tus ojos el consuelo que necesita, el apoyo... o puede que yo esté soñando demasiado.
Lo único que me gustaría es que meditásemos esto, que dejemos de estar absortos dentro de nosotros mismos, que salgamos a la calle con los ojos bien abiertos y captemos todos los detalles, no solo que seamos conscientes de que existen otras personas, sino todo lo demás que nos rodea. Porque muchas veces las cosas más insignificantes son las más bellas y las más llenas de significado.

2 comentarios:

Sherezade dijo...

Hola preciosa!

Tienes mucha razón, cada vez la gente va más a lo suyo y nos olvidamos de que vivimos rodeados de humanos al igual que nosotros y de los cuales no somos capaces a veces de mirarlos a la cara. Es cierto lo que dices, es muy triste, pero supongo que estas cosas se cambian poco a poco, granito a granito, si cada uno ponemos de nuestra parte creo que podemos crear una reacción en cadena y acabar con este aislamiento. No creo que sea algo tan imposible no? =P

Me ha encantado la frase con la que has concluido tu reflexión. Puede que te parezca una loca, pero a veces cuando salgo y pasa algo "insignificante" como por ejemplo que cante un pajarillo cerca mío, me pongo más contenta, no sé explicarlo es algo que está siempre ahí, pero cuanto te paras a mirarlo te das cuenta de lo bonito que es =)

Muchos besitos!

PD: Acabo de contestar a tu correo, siento mucho la tardanza pero es que hasta ahora no he podido ponerme con el correo =(

Gorrión dijo...

Muchas gracias por tu comentario, me alegra que te haya gustado :)

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